EL MUNDO DEL MAESTRO TRELLES
Profesor Doctor Edmundo Beteta
Profesor de Neurología Jefe del Laboratorio de Psicofisiología, Facultad de Medicina y Psicología, UNMSM.
Tengo serias dudas de poder elaborar y cristalizar el mundo del Profesor Trelles. Más que un reto puede constituirse en fantasía , sin embargo, algunas pinceladas de los momentos que pasé a su lado pudieran reflejar las características de su personalidad.
Todos sus discípulos integraron ese mundo con el deseo permanente, subconsciente de imitarlo o tal vez "hacernos dueños" de alguna de sus brillantes facetas. No lo creo posible, sino en nuestra ficción. Se trataba de un hombre no sólo muy inteligente sino un "señor de señores" con una calidad personal, moral y ética extraordinaria, además, extrovertido con una elegancia y simpatía que permitían conocerlo y hacerse amigo del maestro.
Muchos aprendizajes se realizan mediante la comunicación, el ejemplo de un arquetipo, la imitación, la competencia y hasta la discrepancia con el maestro. Al final de muchos años, lo que aprendió el discípulo se asocia estrechamente con lo que guarda en su recuerdo y puede confundirse aquello que le pertenece al maestro y lo que guarda el discípulo . Durante un tiempo, la rebelión del discípulo no reconoce casi nada, paulatinamente, acepta las enseñanzas incorporadas, pero después de muchos años, el maestro logró sus objetivos cuando "el aprendiz" ha reconocido insensiblemente el modo de pensar, las actitudes y la forma de tomar decisiones del maestro. Así ocurrió con el Profesor Trelles.
Este proceso lo he vivido "en carne propia". En el verano de 1953 asistí al Hospital Santo Toribio acompañando al Dr. Víctor Paredes, con quien quería aprender y enseñar Neuroanatomía. Apareció uno de esos días el Dr. Trelles, quien siempre preguntaba por nombre y apellido de los discípulos. Pocos días después, volvió a la Sala Santa Ana preguntando ¿Quién es Beteta?, al presentarme señaló "tu padre fue compañero mío en el Colegio Guadalupe y me ha dicho que te haga trabajar mucho". La historia había empezado y "terminaron mis fines de semana tranquilos": Traducciones de cualquier idioma, análisis de libros, resúmenes y críticas de trabajos. El aprendizaje continuó con discusiones clínicas, trabajos en el Laboratorio de Anatomía Patológica, paulatinamente se fue desarrollando una relación personal de amistad que perduró y me enseñó muchísimo contribuyendo de modo importante en la formación de mi personalidad.
En aquel tiempo el Profesor - Nominación solo para él - trataba de superar el problema de salud de su esposa Sra. María Montero y me llamó la atención que asistía permanentemente a la misa de la Iglesia María Auxiliadora a la una de la tarde. Siempre me pregunté si el científico podía creer en Díos y solicitar ayuda cuando la medicina podía ofrecer mucho o poco.
En 1955 todavía en 5º de Medicina, súbitamente el profesor se dirigió a mi: "Me ha invitado el Profesor Alfonso Asenjo a dictar conferencias en el Instituto de Neurología de Chile, así que dile a tu padre que vas a viajar conmigo". Además de conocer a la elite de la neurología y neurocirugía chilena, conocí cada vez más la personalidad del maestro. Que brillantez en sus presentaciones, me hacían pensar que sería muy difícil de imitarlo.
En 1957 seleccionó un trabajo Neuropatológico del Hipocampo como tesis de Bachiller, materia de investigación que sigue siendo gravitante en la actualidad sin embargo, por mi inmadurez e inmediatismo por graduarme estoy seguro que no conseguí todos los objetivos de esta investigación, pero no se imaginan cuanto aprendí en las permanentes críticas que recibía el maestro.
Cuando sus discípulos estaban en los últimos años de los estudios médicos, el profesor seleccionaba el postgrado en Francia. Estudié dos años francés pero no fui elegido para ir a Paría. Estoy seguro que mi personalidad de acuerdo al Profesor no correspondía a este postgrado y nuevamente debí reconocer que el maestro tuvo la razón. Después que estuve a cargo de la sala Santa Ana del hospital, tuve la oportunidad de viajar a Estados Unidos y al volver no tuve mejor idea que tratar de competir con el maestro y pensé que ya debía tener "un mundo que fuera mío". Me separé del Hospital Santo Toribio. El cambio tal vez favoreció mi desarrollo como especialista pero insensiblemente a pesar de lo que aprendí en Estados Unidos, trataba de emular al Profesor y probablemente - no se cuanto- seguía los objetivos que el maestro me había trazado.
A propósito de todos estos recuerdos siempre he querido interpretar ¿Cómo era la relación con sus discípulos? ¿Cómo era realmente la personalidad de maestro?; en fin ¿Cómo era el amigo, el hombre de familia, el hombre social?. Trataré de comentar algunas de estas interrogantes que persisten en mi espíritu. La relación con sus discípulos era muy amistosa, conocía las virtudes y defectos de cada uno y los hacía trabajar consiguiendo lo mejor de ellos, no sólo en el aspecto científico sino también en lo personal, por esto, sus discípulos le han rendido un homenaje permanente.
La personalidad del maestro atrás del "inquisidor" del laboratorio era realmente la de un hombre simple, combinación de su formación andina procedente de una familia tradicional y de su conocimiento de la cultura francesa y europea, además, lo adornaba su distinción y su abolengo que le permitieron formar parte de la elite social del Perú, en aquel tiempo, casi impenetrable. Su desarrollo personal lo dirigió también a ser un líder político, combinación poco frecuente con la de maestro universitario. Su personalidad lo constituía en arquetipo para sus discípulos , no sólo en el aspecto médico sino también en el rigor ético. Cuantas veces recuerdo sus severas críticas a otros médicos que habían cometido errores en la ética, en ese momento Trelles "cambiaba", levantaba la voz, se molestaba y criticaba duramente a estos profesores aunque tuviera con ellos un vínculo de amistad. Esto aprendimos o debieron aprender sus discípulos.
Estas características que formaban parte de su personalidad, amén de su incesante investigación científica, hicieron que fuera el representante natural de la neurología peruana, por lo tanto y con justicia tenía un "sillón" en los congresos internacionales, europeos, latinoamericanos y también en los de Estados Unidos de Norteamérica en donde la Asociación Neurológica -la más antigua de las sociedades- le rindieron un justificado homenaje.
Casi todos sus discípulos seguirán preguntándose ¿Quién era el maestro Trelles?, puedo concluir que él era un hombre dotado de gran inteligencia, de principios éticos, morales y religiosos, en fin, su magnífica personalidad, todo lo cual fue utilizado en el desarrollo personal de sus discípulos, en la formación de muchos médicos, no solo neurólogos y por ende en el desarrollo de la neurología peruana.
La observación y el recuerdo de sus discípulos puede ser diferente, algunos pueden haber discrepado y tal vez "negados", lo que demuestra que Trelles era realmente un maestro porque el aprendizaje no solo se hace por empatía y en ese "mundo" que yo estoy tratando de recordar e integrar, cada discípulo de acuerdo a su diferente personalidad elegirá especialmente alguna característica del maestro y seguirá diferente rumbo. Además, alguno de los discípulos primigénitos tuvieron otros seguidores y aprendieron "a la distancia" las enseñanzas del maestro. La doctrina fue el mismo maestro, quien con su personalidad y su ejemplo para muchos fue un padre putativo que no se puede olvidar. Esa doctrina ha quedado guardada en cada uno de sus discípulos y en el Hospital Santo Toribio de Mogrovejo ahora Instituto Especializado de Ciencias Neurológicas Julio Oscar Trelles Montes.
MSM.

